Redescubriendo Londres: Walthamstow

Durante mucho tiempo, sobre todo los primeros años de vivir en Londres, nos levantábamos con ganas el fin de semana, poníamos un dedo en el mapa de la ciudad y recorríamos esa zona sin prisas. Normalmente era yo la que empujaba a Andrew, la que le contagiaba mi entusiasmo por ver barrios de la ciudad en los que él nunca había estado, mis ganas de andar e ir leyendo las calles con los pies, pero con el tiempo, el trabajo, la rutina, la vida, yo misma he ido perdiendo parte de ese entusiasmo, y los últimos dos años creo que han sido los peores.

Se ha notado en el blog pero también se ha ido notando en otros aspectos de mi vida, en una tendencia a querer probar o hacer cosas nuevas pero al mismo tiempo dejarme dominar por la pereza, por eso estoy intentado recuperarlo, ver las cosas con esa mirada fresca y abierta que tenía al principio, esa mirada que a veces, por momentos breves, logro recuperar cuando viene alguien de visita y veo sus reacciones ante las cosas nuevas que tienen frente a sus ojos.

 

Así que, aprovechando un día de sol, vamos a visitar Walthamstow.

 

Walthamstow está al final de la línea Victoria, o al principio, según se mire. Es uno de esos barrios del este de Londres que debieron ser en su día pueblos independientes y que, al crecer la ciudad, se le fueron uniendo. Uno de esos que, a lo largo de los años, ha ido recibiendo diferentes oleadas de inmigración y que, desde 2012 y los Juegos Olímpicos, está en proceso de gentrificación.

Es curioso porque, una vez en el metro, me acuerdo de que la verdad es que sí que he estado antes en Walthamstow y, mientras se lo digo a Andrew y se ríe por mi manera de pronunciar el nombre, nos acordamos de una noche de noviembre de hace algunos años en la que alguien nos arrastró hasta allí, porque es donde se encuentra uno de los grandes canódromos de la ciudad.

Recordamos la distancia y el frío y que, a pesar del viaje, el estadio estaba cerrado, había dejado de funcionar en 2008, lo que creo que nos causó algo de alivio a los dos. Pero también recordamos que nos encontramos con un edificio art deco precioso, rojo y blanco, que me hubiera gustado fotografiar y que, según he leído, sigue abandonado sin que nadie sepa qué hacer con él.

 

Al llegar a Walthamstow hace sol y decidimos pasear primero por las grandes reservas de agua que limitan el barrio por el oeste. Las más antiguas se construyeron en el siglo XIX y ahora pertenecen a la compañía que controla el agua de la ciudad, Thames Water, pero funcionan también como un parque público.


Walthamstow marshes, Londres

Walthamstow reservoirs, Londres


Es la semana de vacaciones escolares de octubre así que en todas partes hay padres con niños.

 

Andamos durante horas.

En algunos momentos se pueden ver el Shard, la villa olímpica o Canary Wharf a lo lejos, es lo que tiene tener el cielo azul durante unas horas. Los antiguos molinos a orillas del río Lea han sido convertidos en cafeterías, siempre me sorprende la forma en que este país reutiliza su pasado industrial.


Walthamstow wetlands, Londres


Al dejar las reservas atrás, hay parcelas de tierra con caballos y leemos que nos encontramos en la Black Path, un camino utilizado desde la Edad Media para llevar ganado al mercado de carne de Smithfield u otro tipo de mercancías al de Spitalfields. El caso es que hoy en día la ruta sigue siendo el lugar en el que se encuentran las fábricas de algunas compañías de comida británicas muy conocidas, el pasado siempre tiene peso en el presente.



 

La ruta, poco a poco, nos deja en el centro de Walthamstow.

 

Walthamstow ha tenido residentes famosos. Alfred Hitchcock nació en los límites del barrio con Leytonstone, al igual que David Beckham o, para los que tienen más o menos mi edad, la boy band East 17. E17 es su código postal.

Pero nosotros hemos venido sobre todo para seguir un poco los pasos de William Morris, el diseñador victoriano que fue amigo de los miembros de la Hermandad Prerrafaelita y que se hizo famoso por sus objetos decorativos, alfombras, tapices, papeles pintados, muebles, bordados, telas,… a los que intentó dotar del mismo estatus que cualquier obra de arte.

Allí, en una casa en la que vivió algunos años durante su adolescencia, se encuentra una galería en su honor en la que se puede ver su trayectoria.



Y en la calle, como para insistir en la relación entre Morris y el barrio, se ha pintado este mismo año un enorme mural con su retrato. El fondo del mismo se sometió a una votación pública, a través de la cual la gente podía decidir cúal de sus diseños les parecía más representativo.



 

Entonces descansamos y comemos algo, mientras se hace de noche.

Cruzamos Walthamstow Village, entre una iglesia que hace sonar sus campanas y el cementerio adyacente.

Estamos buscando un almacén, el lugar en el que se encuentra God’s Own Junkyard, un paraíso de neón que, según dicen, está en un lugar infernal. Un sitio en el que se han ido acumulando durante treinta y siete años todo tipo de objetos utilizados en películas, campañas o sesiones fotográficas, un cementerio en el que ha ido a parar de todo pero sobre todo luces de neón provenientes de ferias, circos, clubs de striptease,…



Y una vez visto el paraíso, lo único que podemos hacer es volver a casa y dar por terminada nuestra visita a Walthamstow.

 


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