Notas sobre Viena en una tarta Sacher

No sé cuál es la excusa: si la de sentarnos por fin en uno de los cafés de la ciudad o la de probar una tarta Sacher, ambos presentes en todas las calles de Viena y una institución en la capital austriaca.

O las dos cosas.

 

Desde un café en la calle Kohlmarkt

Así que terminamos sentándonos en un café de sillas mirando hacia la calle en Kohlmarkt. No somos los únicos, un chico de ojos azules como no he visto nunca está sentado a mi izquierda mientras lee el periódico, y delante de nuestra mesa hay matrimonios y grupos de amigos, en los treinta o más cerca de los cincuenta, todos parecen haber pensado lo mismo que nosotros.


Hofburg


También a la izquierda, la fachada blanca y barroca del Hofburg brilla y deslumbra bajo su cúpula verde. En ese palacio residieron los Habsburgo hasta el año 1918, así que es uno de los grandes testigos del poder que tuvo en su día el Imperio Austrohúngaro. Allí vivieron Francisco José y Sisi, a la que se ha dedicado un museo para, en cierta manera, separar la figura real de la del mito, allí reside ahora el presidente austriaco.


Sisi

Hofburg


En uno de los lados de la entrada al palacio se ven las letras que señalan la entrada a la Escuela de Equitación Española, fundada en el siglo XVI para la doma de caballos de raza española aunque ahora los que se utilizan en los espectáculos provengan de Eslovenia. Frente a nosotros, en el otro lado de la calle, hay tiendas de ropa, de zapatos, joyerías, la casa de subastas más famosa de la ciudad –el Dorotheum-, el Café Demel y una librería con una fachada dorada en un estilo de principios del siglo XX. La gente pasa sin cesar de un lado a otro de la calle, no importa la dirección. Estamos, sin duda, en una de las zonas más selectas de Viena.

 

Viena en una tarta Sacher


Tarta Sacher


Todo eso parece desaparecer en cuanto mi tenedor corta el chocolate negro de la superficie de la tarta, una capa dura que ayuda a su conservación, cuando continua atravesando la capa de mermelada de albaricoque y llega por fin al bizcocho. Mi nariz se llena del olor de la mezcla del chocolate y la fruta primero y, al meterme un trozo en la boca, el sabor es completamente inesperado.

Amargo del chocolate pero también dulce a causa de la fruta, denso pero esponjoso y suave a un mismo tiempo, con menos sabor a chocolate de lo que pensaba pero tampoco completamente saturado por el albaricoque. Nada fácil de describir.

Mientras intento acabármela sin que caigan demasiadas migas en el plato, pienso en todo lo que hemos leído. Que fue creada por primera vez en 1832 para el canciller Metternich por Franz Sacher, quien entonces contaba sólo 16 años y que tuvo que inventarse un postre de la nada después de que el chef para el que trabajaba como aprendiz se pusiese enfermo. Su hijo Eduard, la produciría en la forma tal y como se vende hoy justo en el café Demel, que se encuentra a pocos metros de nosotros, hasta que en 1876 fundaría el Hotel Sacher, el lugar donde afirman sólo se puede comer la original tarta Sacher y que está lleno de gente cada vez que pasamos por delante.


Tarta Sacher original


La tarta ha desaparecido demasiado rápido y lo único que queda en el plato, blanco y soso después de las vajillas que hemos visto en las colecciones de plata del Hofburg, son las pocas migas que se han escapado contra mi voluntad.

Sólo entonces, la calle vuelve a cobrar vida, la gente a llamar nuestra atención, el palacio a nuestra izquierda a deslumbrar y la librería Manz, cuya fachada en realidad es obra del arquitecto Adolf Loos, a atraerme hacia su interior.


Manz


* Nota:
Viena fue un lugar que llegó de forma totalmente inesperada gracias a que los chicos de GowithOh me ofrecieron este apartamento. Sin duda, la mejor forma de sentirte en casa cuando no lo estás.

 


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