Notas sobre los gatos en Turquía

Desde que llegamos a Estambul una tarde de abril todavía un tanto fría pero con un sol que ya intentaba contrarrestar el final del invierno, supe que la ciudad era una ciudad hecha para caminar. En las calles principales, en los pequeños callejones, en las cuestas y en sus ruinas dejadas a la fortuna del tiempo, había siempre demasiadas cosas ocurriendo al mismo tiempo para no detenerse en ellas y no  decidirse a caminar a paso lento: vendedores callejeros, gente que se apresuraba en su rutina diaria, camareros llevando vasitos de té de colores relucientes y gatos, gatos por todas partes. Allá donde nos llevasen nuestros pies había gatos.


Guiño en la pequeña Santa Sofía y haciendo la siesta frente a la Mezquita Azul


En la pequeña tienda abierta hasta las tres de la mañana frente a nuestro apartamento había siempre un grupo de ellos haciendo guardia en la entrada, revoloteando entre botellas de agua empaquetadas en sus plásticos y bolsas de palomitas de maíz polvorientas. En la primera mezquita que visitamos, la llamada pequeña Santa Sofía, una antigua iglesia bizantina dedicada a San Sergio y San Baco y situada en una calle tranquila y silenciosa del barrio de Sultanhamet, un gato perezoso guiñaba sus ojos al sol mientras parecía controlar la entrada de turistas al edificio. En los bancos de madera situados frente a la Mezquita Azul, dos gatos de pelo dorado hacían la siesta ajenos al trajinar de visitantes, a los camareros repartiendo té y a las vistas grandiosas de Santa Sofía frente a ellos. En la estación Sirkeci, donde una vez llegaba el Orient Express, un gato atento parecía controlar el ir y venir de los trenes, y uno en busca de caricias vigilaba la entrada al Gran Bazar desde la mezquita de Nuruosmaniye. En el bazar, había alguno que otro que corría huidizo en los hans del fondo, donde en tiempos de las grandes rutas comerciales se almacenaban mercancías y donde hoy parecen no pasar las horas, y en el mercado de libros algunos hacían cola en el callejón de los aseos. Había gatos privilegiados en el palacio Dolmabahce, donde un día residió Ataturk, y en el restaurante del palacio Topkapi, en una de las embajadas de la calle Istikal, en las callejuelas de Beyoglu por las que descendimos desde la torre Gálata y, también, en el parque Gülhane.


Controlando los trenes en Sirkeci, atento a quien entraba en el Gran Bazar y haciendo las colas para los aseos

Encerrado en la calle Istikal, con hambre en Beyoglu y observador en el parque Gülhane


Los había igualmente en las Islas Princesas frente a la costa de Estambul, debieron llegar algún día en los mismos transbordadores en los que ahora llegan los residentes de la ciudad a pasar el fin de semana. Estaban en Heybeliada, en el paseo marítimo y buscando cualquier sombra disponible en calles empinadas flanqueadas de antiguas mansiones de estilo otomano, y en Büyükada, en la isla grande, mirando los helados que la gente devoraba antes de que se derritiesen con el calor.


En las islas Princesas frente a Estambul


Y también en el sur del país. En la cascada del río Manavgat, rebosante de agua del deshielo, había varios gatos que intentaban evitar mojarse, y otros se dejaban mimar en las fábricas de alfombras de las cercanías. Un gato perezoso dormitaba justo en la entrada del Mausoleo del Mevlana en Konya, ajeno completamente al movimiento de la gente quitándose los zapatos para entrar y a la emoción que embargaba a alguno de ellos. En uno de los valles de la Capadocia, un pequeño gato blanco descansaba al sol indiferente a las vistas de color ocre mezcladas con el azul luminoso del cielo en la garganta.


Durmiendo en el Mausoleo del Mevlana en Konya y en uno de los valles de la Capadocia


Siempre he preferido los gatos a los perros, me gustan por su independencia, y parece que Turquía comparte esa preferencia. La mayoría de los gatos con los que me crucé estaban limpios, bien cuidados, parecían vivir en completa armonía con la gente y con el lugar.

He intentado buscar una explicación a eso pero no estoy muy segura de haberla encontrado o, al menos, no haberla encontrado completamente. Parece que hay muchos países musulmanes en los que también se pueden encontrar multitud de gatos en la calles, aunque yo no recuerde ver tantos gatos por ejemplo en Túnez o Egipto. Buscando información he leído que, en el islam, el gato es visto como un animal puro, al contrario que el perro, y un animal por el cual el mismo Mahoma sentía veneración.

Mahoma tenía una gata con la que vivía en Damasco llamada Muezza, a la que verdaderamente adoraba. Hasta tal punto que cuentan que una vez, al final de la jornada en la que Muezza se había quedado dormido en la amplia manga de su vestimenta, Mahoma optó por cortar la manga de su túnica antes que arriesgarse a perturbar el sueño de Muezza. Dicen, también, que solía lavarse con agua de la que antes había visto beber a Muezza.

Allan Percy, La magia de los gatos

Pero no creo que eso lo explique todo.

20 Discussions on
“Notas sobre los gatos en Turquía”
  • De mi viaje a Estambul también guardo el recuerdo de los gatos que poblaban las calles de la ciudad, paseando cerca de monumentos, mezquitas, cementerios, terrazas, etc.

    Como tú, yo también tomé algunas fotos de los gatos de Estambul (aunque menos conseguidas) y me sorprendió ver que todos se veían tan bien cuidados. Muy interesante el artículo! 🙂

    Un saludo,
    Sonia.

    • Estoy viendo una telenovela turca, me llamo muho la atencion de ver muchos gatos en las calles de la serie. Entonces busque en google y encontre tu articulo, muy bueno y explicito ademas,me quedo clara la explicacion.
      Un saludo.

  • Qué curioso lo que nos has contado y qué bien fotografiado…..Yo no he estado en Estambul, pero sí en Egipto y no recuerdo lo de los gatos como algo destacable. un beso

  • Muy, pero muy interesante la nota! Debo confesar que llamó mi atención el título y vaya que no me sentido ‘defraudado’ al leerte. Me encanta cómo has descripto y señalado los sitios que has visitado y claro que los gatos de Estambul bien se merecían una nota ‘aparte’… Recuerdo también cómo me llamaron la atención los gatos en aquel recorrido por ésa bella ciudad, pero me quedo con tú nota, un buen testimonio de lo que sentimos muchos viajeros en aquella mítica ciudad. Saludos!

  • Muchas muchas gracias a todos! Me alegro de que os haya gustado el post. Ya veo que también os llamó la atención a los que habéis estado… Es que casi parece que sean los dueños de la ciudad!! 🙂

    Saludos

    • He llegado a tu nota con la misma duda que planteas en ella. Debo decir que me ha parecido interesante, cómo también me he estado informando quiero compartircontigo esta información ^.^

      “El gato como simbolo en la cultura musulmana
      En la tradición musulmana, el gato defiende con honor para a Mahoma de un ataque de una serpiente feroz. En los países árabes se cree que la “M” marcada en la frente de muchos gatos es la marca del profeta (“M” de Mahoma). Los gatos son animales respetados y queridos por los árabes. ”

      No tengo ni idea de que información es la más adecuada 😛

      Saludos!

  • Los gatos nos encantan por ese motivo es el primer post que he leído de tu blog. Me ha llamado la atención la foto de ese gato tan precioso. Así como en Roma es todo un clásico el tema gatuno, no recuerdo que en Estambul hubiera tantos a excepción de el barrio de Eyüp.
    Muy bonita la historia sobre Muezza, la gata de Mahoma.

    Un abrazo

    • Gracias por pasarte por aquí! Es curioso porque a mí en Roma no me llamaron la atención, también fue una visita bastante rápida y hace ya bastante tiempo. Supongo que eso es lo que tiene viajar que cada uno vive y tiene experiencias distintas.
      Saludos

  • Acabo de llegar de Estambul y pude gozar con la experiencia de verla poblada de gatos en libertad, confiados, cuidados y alimentados por la gente del lugar. Como soy amante de los gatos (de hecho tengo dos gatitas) tomé varias fotos y encontré muchos gatos similares. Tomé una foto de una gata amamantado 3 gatitos en un jardín protegido por una verja cerca de la estación de tranvías en “Cemberlitas”. Locura de gente y autos alrededor y ella muy serena dando de mamar…

    • Eso es lo que me pareció más curioso, que parecen los dueños de la ciudad 😉 Gracias por pasarte por aquí y espero que hayas tenido un buen viaje.

  • se que es un post de hace años pero llegue hasta acá porque la en la cumbre G20 2015 que se realizó en Turquía se adentraron 3 hermosos gatitos en las instalaciones, amo los gatos los adoro, se que algún día dominaran el mundo jeje

  • Es curiosos porque me empecé a dar cuenta de la población gatuna de Estambul por una novela que vi “Que culpa tiene Fatmagül” y veía gatitos por todos lados, sobre todo negritos que tanto me encantan.

  • Hola. Amo a los gatos y doy musulmana. Es cierto que el gato es apreciado en el Islam. Abu Horaria era un compañero del profeta Muhammad y era conocido como ” el padre de los gatos” pues siempre le seguían y el los alimentaba. Igualmente se dice que una mujer fue al infierno por dejar morir de hambre al un gato y que el profeta podía hacer sus abluciones antes de rezar en el mismo agua en el que había bebido un gato. Viví 3 años en Egipto y los gatos vivían en las escaleras de los edificios, o se subían al regazo estando en una cafetería. Es la cultura cristiana la que asoció al los gatos en un momento histórico con la brujería y por eso lamentablemente ha quedado un poso estúpido y negativo. Ahora sueño con ir a vivir a Turquía. …con mis gatos

Leave A Comment

Your email address will not be published.