Notas sobre las alfombras turcas y cómo se hacen

Durante toda la visita a la cooperativa de alfombras que visitamos en el sur de Turquía, tuve una sensación de déjà vu. Las alfombras apiladas casi sin orden aparente por todos los rincones de la tienda, el té que nos ofrecieron nada más entrar en pequeños vasitos que quemaban, el olor a algo que no supe descifrar, las mujeres alineadas concentradas en el trabajo de tejer figuras de diferentes colores y la delicadeza de los capullos de seda, que parecía que se fueran a deshacer antes de que nada se pudiera hacer con ellos, me recordó que hace mucho tiempo, tenía entonces catorce años, estuve en otro lugar parecido, en otra tienda de alfombras pero en otro país, en Túnez.

Pero ahora estábamos en Turquía y, si por algo son famosas las alfombras de allí son por sus diseños, por la creatividad de sus dibujos, y por ser uno de los lugares en los que el tejido de alfombras es uno de los artes tradicionales más antiguos del país. Se han encontrado kilims, esas alfombrillas pequeñitas normalmente de forma rectangular y con dibujos geométricos, en los yacimientos neolíticos de Catalhöyük con además los mismos motivos decorativos que los de la actualidad, si eso no es tradición y antigüedad no sé lo qué es.

Entrar en una de esas tiendas de alfombras es todo un espectáculo. Sentados con las bebidas calientes (aunque para quien quisiese también ofrecían raki, que casi daba más calor que el té), los empleados empiezan a desplegar un montón de alfombras que ya tienen a mano. De lana, de algodón, con motivos florales, geométricos, de colores claros o vivos, pequeñas o enormes, con diseños tradicionales o algunas copiando grandes obras de arte contemporáneas, unas en las que sólo se necesitan unos pocos meses para completarlas frente a otras que necesitan años… todo tipo de alfombras hasta llegar a las de seda, a las que tienen precios que pocos se pueden permitir. En cuestión de minutos, el suelo de la sala en la que estábamos se quedó cubierto por una capa de tejidos de distintos colores, formas y tamaños. No tenía ninguna intención de comprar, sobre todo porque no tengo ningún lugar donde ponerlas, ni siquiera la más pequeñita de todas ellas, pero de todas formas casi me hubiera sido imposible elegir entre tanta variedad, casi estaba mareada por tanto movimiento y eso que me quedé sin probar el raki.

Alfombra que representa el antiguo Estambul y que era además la más cara de la tienda.

Siempre me han dado un poco de cosa las alfombras, casi me parecen más un objeto para colgar en la pared y no tocar que para pisarlas, y más si sabes el trabajo que algunas de ellas tienen detrás. Pero en Turquía, las alfombras son un objeto que está en todas partes, quizás el poder de elaborarlas les quite parte del respeto que yo siento frente a ellas. Las puedes ver en las paredes, sobre las jorobas de dromedarios, en cojines, cubriendo sofás y camas, utilizadas como mantas, cortinas o manteles, o para la oración y otras ceremonias religiosas. Los chicos que nos las enseñaban en la cooperativa insistían en que las pisásemos, en que cruzásemos la sala por encima de los montones para acércanos a la que más nos gustase y todos acabamos haciéndolo, aunque con un poco de miedo.

Los capullos de seda esperando a que se les vayan sacando los hilos

La fabricación de una alfombra turca comienza desde el momento en el que se recoge el tejido con el que se va a hacer. Allí, por ejemplo, nos mostraron cómo se sacaban los hilos de seda de los capullos dejados en agua caliente y cómo después se tintaban con colores naturales para que resultaran siempre lo más duraderos posible. Una vez en los telares, con un modelo del diseño en la parte superior, las mujeres (nos dijeron que en general son siempre mujeres porque tienen más paciencia) van creando líneas de nudos con los hilos de diferentes colores según el dibujo, cortando los sobrantes con unas tijeras cuando llegan al final y repitiendo la misma operación miles de veces hasta que, línea a línea, completan la alfombra. Dicen que la mejor manera de saber si una alfombra está hecha a mano o no lo está es girándola, poniéndola del revés para comprobar si tiene o no los nudos que la hacen tan preciada.

En Túnez, hace dieciocho años, una de aquellas señoras que, como en Turquía, continuaba concentrada en su trabajo ajena a los visitantes, me enseñó cómo hacer los nudos y cómo cortarlos, y sentada junto a ella intenté copiar lo que me había enseñado sin demasiado éxito, pensando en que ni en un millón de años iba a tener yo tanta paciencia para hacer un trabajo como el que esas mujeres hacían. Después de tanto tiempo, salí del edificio pensando lo mismo.

5 Discussions on
“Notas sobre las alfombras turcas y cómo se hacen”
  • Lindas alfombras!!! Yo cuando era pequeño tenía en mi habitación una color bordó, con amarillo y muchas figuras geométricas! No has consultado acerca de dónde provienen esas evocaciones de las alfombras voladoras?? Yo las miraba en los cuentos y eso hizo a que me encaprichara con una alfombra para mi habitación hasta que me dieron el gusto mis padres. Claro, nunca volaron. Y ahí se terminó la fascinación.
    Lindo post, saludos!
    Guido ha publicado recientemente..Rumbo a Machu Picchu, el viaje continúa : Cotagaita y Potosí.

    • No se me había ocurrido relacionarlas con las alfombras voladoras, será que me han dado siempre tanto respeto que ni para volar me veía en ellas… O que siempre he sido un poco demasiado realista 😉 Muy curiosa tu historia con las alfombras, Guido!

  • En las tiendas de alfombras de Turquía lo que nos llamó la atención fue la coreografía, perfectamente estudiada y ensayada de los vendedores, que tras una atencia observación de las reacciones de los clientes, se repartían por la sala, cada uno con un objetivo ya elegido entre los asistentes, y como el mejor vendedor siempre se asignaba al mejor cliente potencial.
    Y, para nuestro asombro, el porcentaje de acierto, y de venta, era impresionante.

    Saludos!
    El Guisante Verde Project ha publicado recientemente..Patio de Butacas, Segunda Fila a la Derecha

    • Sí, yo también me quedé asombrada de eso… tienen una capacidad de observar las reacciones de los clientes que es impresionante! Serán los siglos que llevan haciéndolo que les habrán dado esa experiencia 😉

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