Acropolis

Notas desde la Acrópolis

La Acrópolis, Atenas

Para mí es siempre un poco extraño visitar esos monumentos o lugares icónicos de cualquier lugar, los que se han convertido para muchos en la única razón para recorrer kilómetros y kilómetros, para cruzar continentes, aunque  en verdad me muera también de ganas por contemplarlos.

Pero, muchas veces, he tenido la impresión de que no han cumplido las expectativas que tenía de ellos, de que el hecho de haberlos visto antes una y otra vez reproducidos en imágenes, videos, explicados en revistas de viajes, blogs y demás, ha reducido el poder de evocación que posiblemente tenían en el pasado y, en cierta manera, me han acabado decepcionando.

La Acrópolis de Atenas quizás fuese uno de los lugares arqueológicos e históricos que más quería visitar desde bien pequeña. Siempre había querido visitar Grecia, un país que simboliza el motor de muchos de mis viajes: historia, cultura, gastronomía y paisajes impresionantes… en el Mediterráneo, no lo puedo evitar, y la Acrópolis era, sin duda, la guinda del viaje, el monumento más famoso de una ciudad que un día estableció muchas de las bases de nuestra cultura.

Ante tamaño monumento, tengo que decir que hice una entrada triunfal. Me caí. Algo no muy difícil teniendo en cuenta que, los escalones que te permiten ascender la gran roca, son de mármol y que desde tiempos inmemoriales han sentido los pasos de millones y millones de personas, con lo que lo más fácil es que mientras vas buscando con la mirada que aparezca algún indicio de los varios edificios que componen el recinto, no mires el suelo. Eso, además, de que tengo una facilidad increíble para caerme y podría hacer una lista de los lugares turísticos en los que lo he hecho.

La Acrópolis se puede ver prácticamente desde cualquier lugar de Atenas, quizás una de las vistas más memorables sea contemplarla toda iluminada desde el monte Licabeto, pero no hay comparación a verla aparecer sobre tu cabeza.

Los Propileos, el Partenón y el Erecteion

Lo que primero aparece es la majestuosa silueta de la entrada. Los Propileos tienen el aspecto de un templo dórico y nos recuerdan que vamos a entrar en un recinto que, durante siglos, fue un lugar sagrado y, a su lado, el pequeño templo de Atenea Niké, nos dice que la colina en la que nos encontramos estaba consagrada a la diosa Atenea, aquella que daría nombre a la ciudad.

Los Propileos de la Acrópolis

Me llegaban, desde la memoria lejana, recuerdos de mis clases de arte mientras intentaba recordar  años, guerras en las que Atenas luchó por convertirse en la ciudad más poderosa, arquitectos como Mnsicles y el poder de Pericles que convirtió Atenas en la imagen que tenemos ahora de ella.

Intentar recordar lo máximo posible era la única manera de poder reconstruir en mi cabeza cómo debió ser este lugar en el pasado. Era difícil porque hacía mucho calor, había mucha gente y era imposible concentrarse en todo lo que podía ver a mi alrededor. El mármol reflejaba el sol de agosto y eso me hacía pensar en que, incluso en sus colores, la Acrópolis es muy diferente a lo que fue en el siglo V a. de C.

Lo que ahora vemos de un blanco brillante, era entonces de colores brillantes. La figura tan reconocible del Partenón tenía pintado su frontón de rojos y azules, y tampoco había sufrido sucesivas transformaciones en iglesia, mezquita o polvorín. Nadie le había separado todavía de los mármoles que, en su interior, representaban la procesión anual a Atenea y que ahora están en el Museo Británico.

Mi templo preferido es, desde siempre, el Erecteion y hacia él me dirigí casi con prisa. Además, es también el que se encuentra en el lugar más sagrado de la Acrópolis, el sitio en el que Atenea y Poseidón lucharon para conseguir el patronazgo de la ciudad según el mito. Me gusta su planta irregular que se adapta al terreno y su galería de Cariátides que, aunque sean ahora sólo copias no le quitan ni un ápice de belleza.

Las expectativas se cumplen

La Acrópolis es un complejo enorme en el que, además de los Propileos, el Partenón o el Erecteion, fueron construidos otros santuarios, teatros y edificios relacionados al culto religioso.

Odeón de Herodes Ático 

En la actualidad, es inevitable pasear por ellos entre piedras que no sabemos de dónde vienen, entre los millones de personas que la visitan cada año, entre los perros callejeros que la recorren a sus anchas y entre los inevitables andamios que parecen cubrir muchos de sus edificios de forma indefinida.

A pesar de todo eso, de la gente, el calor, los perros, los andamios y mi ignorancia sobre muchas cosas, la Acrópolis no me decepciona. Sobre esa colina que domina Atenas casi puedo sentir las huellas de la historia, la política, la filosofía, la literatura o el arte griegos bajo nuestros pies.

Relatos de otros viajeros #postamigo

De Viaje Por Ahí: Un paseo por la Acrópolis

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