A las cinco de un viernes, Fleet Street se encuentra en plena ebullición y las aceras se llenan con gente vestida de trabajo y con turistas a los que se distingue porque caminan a paso lento observándolo todo con curiosidad. Un chico con traje chaqueta reparte publicidad sobre los cócteles del bar de la esquina, otro se deja los billetes en el cajero y vuelve corriendo a buscarlos antes de que nadie más se dé cuenta, un mendigo acostado en uno de los portales sonríe con una sonrisa sin dientes.
Fleet Street, entre el Strand y la catedral de San Pablo, siempre ha sido una calle importante. Con el nombre de uno de los tantos ríos subterráneos que todavía se encuentran por la ciudad, que aparecen y desaparecen entre edificios, paradas de metro y demás, la calle ha cubierto desde tiempos medievales parte de la distancia entre la City, centro del poder económico, y Westminster, centro del poder político, y lo que eso ha supuesto a lo largo de su historia.
Pero, además, es famosa por otra razón. A finales del siglo XIX, Wynkyn de Worde, aprendiz de William Caxton (la primera persona que imprimió libros en la ciudad de Londres), heredó el negocio y estableció su imprenta aquí. Tras él, aparecieron más impresores y editores y el negocio empezó a florecer, sobre todo publicando libros relacionados con el derecho ya que muy cerca se encuentra el Temple, en donde desde el siglo XIV se han establecido los abogados londinenses. Pero también con la publicación de panfletos pseudocientíficos o sobre los incidentes de la ciudad, ya que temas como la política o la religión estaban demasiado controlados por los censores.
El negocio de la imprenta derivó en que, con la relajación de la censura, apareciera en 1702 el primer periódico de Inglaterra y, con él, las bases de lo que sería la prensa moderna: el Daily Courant. Unos treinta años después de eso, existían ya más de treinta periódicos en la ciudad y, la mayoría, tenían su base en Fleet Street. Pero ese número siguió aumentando a medida que pasaban los años y lo hicieron, sobre todo, durante finales del siglo XIX y principios del XX. El Standard, el Telegraph, la revista satírica Punch, el Daily Express, el Dundee Courier, el Daily Telegraph, … todos tuvieron sus oficinas aquí hasta que, en los años 80 del siglo pasado, debido a la subida de los alquileres, al traslado del centro económico de la City hacia la zona renovada de Canary Wharf y otros motivos, muchos de esos periódicos se trasladaron hacia el este, a la zona de Wapping o incluso al mismo Canary Wharf como lo hizo, por ejemplo, la agencia Reuters.
La prensa impresa no pasa por sus mejores momentos, de la misma manera que Fleet Street casi no es más que la sombra de lo que era. Hace mucho tiempo que ya no quedan imprentas, ni periódicos, quizás lo único que permanezca (por el momento) sean los edificios que atestiguan el pasado de estas calles en las que, durante mucho tiempo, lo único que no cambiaba era el olor de la tinta sobre el papel. Eso y el hecho de que, aún ahora, la prensa inglesa es llamada con el apelativo de “fleet street”.














A mi me pareció una calle muy viva y concurrida. Pase por allí desde la catedral de San Pablo para volver al hotel (cerca de Westminster Abbey), todo por buscar el nº 118 (creo recordar), que es donde de desarrolla el musical de Sweeney Todd. Ahora es una tienda de fotocopias, pero resulta que al final eso fue lo de menos y la calle me acabó gustando más por otros motivos. Sus edificios me dejaron boquiabierta, una arquitectura impresionante.
¡Saludos!
Carol ha publicado recientemente..Toledo 2012 – Planificación del viaje y algunos datos más
Sí que es una calle impresionante en la que hay que mirar todo el tiempo hacia arriba para ver los edificios cada uno de un estilo diferente, quería incluir la historia de Sweeney Todd pero se me alargaba todo demasiado… lo dejo para otra vez
No conozco aquello pero nos has dado un paseo maravilloso y con fotos excelentes…¡Quiero ir!!!! bss
winnie0 ha publicado recientemente..El Dulce nombre de María