Notas sobre mapas y sueños

Mapas. Es mencionar esa palabra y, encerrados en ella, hay tantos sueños que es imposible incluirlos en las pocas líneas que pueda escribir aquí. Sueños de una vida porque mirar un mapa es soñar, tener un mapa delante es dejar volar la imaginación, que ésta se escape muy lejos para darnos cuenta de que en otras zonas del mundo se abren mil y una posibilidades distintas.

 

Ése es el encanto de un mapa. Representa el otro lado del horizonte, donde todo es posible.

Rosita Forbes


Mapa Prater Viena


Desde bien pequeña, puedo pasar horas muertas leyendo nombres que a veces conozco y otras muchas no, trazando recorridos con el dedo de un punto en el mapa a otro, imaginando lo que hay en esas zonas vacías en las que ni nombres hay.

Hay nombres que se quedaron grabados para siempre gracias a sus sonidos, otros porque alguien los mencionó alguna vez al aire y tuve que encontrarlos en el espacio.

Hay mapas que encontré en las primeras páginas de agendas escolares, en los que subrayaba las ciudades en las que había estado, mapas que se encontraban junto a horarios de clase, a fórmulas matemáticas o a tablas de elementos químicos. Otros había que buscarlos en los atlas, junto a fotografías de gentes, de costumbres, de lugares que miraba con curiosidad o en los folletos de viajes que mis tías desplegaban sobre la mesa.

Muchos los hallé en las clases de geografía mientras estudiábamos meridianos y paralelos, en unas plantillas de plástico blanco que servían para dibujar los contornos y las siluetas de los países que dan al mar, en los mapas de papel que luego debíamos colorear, en las canciones de una monja que se empeñaba en enseñarnos así las capitales del mundo o en un juego en el que mi hermano y yo “viajábamos por España”.

Hay muchos que fueron surgiendo más tarde en las clases de historia, mapas en piedra, en papiros, en códices medievales y que iban reflejando el conocimiento del mundo según quién los dibujase o los mandase dibujar. Mapas con sus cambios y más cambios, con imperios que se hacían grandes y que más tarde se destruían, con rutas comerciales que florecían o se marchitaban, con fronteras que me fascinaban y que, con el tiempo, me fueron mostrando su arbitrariedad, con líneas precisas que separaban a unas gentes de otras y que parecían haberse trazado a veces por azar.


Victory Portsmouth


Los mapas representaban y representan siempre para mí el otro lado de la realidad. Si mi propia vida estaba y está formada por la rutina de mis desayunos y comidas, las horas de escuela, universidad o luego trabajo, las conversaciones sobre las cosas sabidas y la evidencia de que la vida transcurría sin ningún gran cambio aparente, los mapas mostraban un mundo y una rutina que se escapaban a esa cotidianeidad,  que me llevaban a un universo de infinitas posibilidades.

Ahora, siguen habiendo mapas por todas partes.

Los hay en la escuela. De España, de Francia, de los países cuyas lenguas enseñamos, colgados en las paredes entre otras tantas cosas. Hay uno incluso en la oficina, sobre el escritorio repleto de archivadores y papeles que da un poco de color al mobiliario viejo y sigue siendo mi escape a las mismas horas de escuela y a los horarios fijos.

Los hay también en casa. Mapas y planos gastados de los lugares en los que hemos estado y aquellos a los que vamos a ir, mapas de aquellos que rascas los lugares por los que has pasado y mapas digitales en los que en vez de subrayar los nombres continuo señalando aquellos sitios en los que he estado como si verlos así, en el espacio, me dieran la dimensión verdadera de hasta donde he llegado.


Mapa Santorini en una servilleta


 

Sé que siempre habrá mapas. Necesito saber que todo es posible, aunque sólo sea al otro lado del horizonte.

 

 
Nota: Esta entrada ha salido gracias a la iniciativa de un grupo de gente que está jugando al juego del Veo Veo, una manera de volver a la infancia y aprender a mirar las cosas de nuevo. ¿Qué es Veo Veo? Es, ante todo, un juego, una excusa para conocer lugares de la mano de otros viajeros, contarnos historias, viajar aunque no tengamos la oportunidad de hacerlo, encontrarnos. Se realiza una vez al mes y las temáticas se eligen en el grupo Veo veo en Facebook, y por medio del hashtag #VeoVeo en Twitter y otras redes sociales.¿Quieres jugar? ¡Veo veo! ¿Qué ves?

 

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