Notas desde el jardín japonés de Holland Park

Londres, Inglaterra

Holland Park es como una caja llena de sorpresas.

Una vez entras dentro del recinto cerrado en el que está, en un barrio de enormes casas blancas victorianas a sólo unos pasos de High Street Kensington, te encuentras con un bosque, más o menos tupido según en qué época del año lo visites.

Después, se hallan las ruinas de Holland House, una gran mansión isabelina que durante el siglo XIX se convirtió también en un salón político y literario por el que pasaron Byron, Disraeli, Dickens y Walter Scott, pero que fue destruida por los bombardeos de la segunda guerra mundial, de los que sólo se salvaron el ala este de la casa y parte de la biblioteca, ahora escenario de fondo del Open Air Holland Park Theatre, en el que se representan óperas durante el verano.

Más tarde, se ven las señales que marcan la existencia de un albergue juvenil, que usa parte de las salas de la casa que aún se mantienen en pie y, también, campos de tenis, de fútbol y de criquet que se han construido en los terrenos que la rodean.

Hay también un conservatorio en el que se organizan exposiciones o eventos, y un restaurante que fue, en su momento, el salón de baile de verano de la casa. Hay jardines formales y jardineros que trabajan afanosamente, un ajedrez gigante y pavos reales, muchos pavos reales que se pasean con la actitud de ser casi dueños del parque.


Holland Park

Holland Park collage


 

La sorpresa de Holland Park

Pero la mejor sorpresa de todas es, sin duda, su pequeño jardín japonés, Kyoto Garden, un regalo de la Cámara de Comercio de esa ciudad para celebrar el buen estado de las relaciones entre los dos países en 1992.

Es minúsculo, pero eso no quita que no falte ninguno de los elementos típicos de un jardín tradicional japonés, que la idea de representar en esa pequeña porción de tierra el mundo natural en miniatura cobre vida a pesar de encontrarnos en Inglaterra o en una ciudad como Londres.


Jardin japones Londres Jardin japones Holland Park


Los británicos, un pueblo de jardines y con una obsesión enorme por las plantas, comenzaron a interesarse por los jardines orientales a finales del siglo XIX, después de que Japón se abriese al mundo y comenzase también a influir el arte occidental.

Ese interés se mantuvo hasta la segunda guerra mundial, lo prueba el hecho de que en 1910 se organizase una exposición en Londres entre los dos países, se diseñasen algunos jardines privados que se han ido perdido con el tiempo y que, uno de esos diseños, incluso fuera presentado a un Chelsea Flower Show.

Después, esa atracción por ellos volvió a reaparecer en torno a los años sesenta o setenta y, desde entonces, no ha desaparecido hasta el punto de que, en la actualidad, incluso existe una asociación al respecto, la Japanese Garden Society.

 

Un jardín japonés en miniatura

En el jardín de Kioto de Holland Park hay agua, un lago artificial y una pequeña cascada en la que el agua salta sobre las piedras, y es ese el único sonido que se oye cuando paseas por allí y te acercas hacia el puente.


Kyoto Gardens_Holland Park

Jardin japones Londres


En el lago, los colores de las carpas koi brillan con los reflejos de la luz y del agua, y la vegetación va cambiando de color según el ritmo de las estaciones y, en ésta, van alternando los tonos rojos o anaranjados.

Hay linternas de piedra que representan, como el resto del jardín, los cuatro elementos del budismo: la tierra, el agua, el aire y el fuego. Todo, en ese pequeño espacio, está pensado para que, cada elemento en particular, forme un conjunto equilibrado que invite al sosiego y a la tranquilidad.


Holland Park_Kyoto Gardens


Es esa tranquilidad, esa paz, lo verdaderamente sorprendente de encontrar allí, en pleno centro de Londres.


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