Notas en busca de una brújula

Una brújula, eso es lo que necesito para navegar este 2017.

No es casualidad que estas últimas semanas las haya pasado completamente absorbida en la novela de Mathias Enard. La compré en el aeropuerto el día 3, en Valencia, la comencé a leer como única forma de combatir los retrasos que, cada año sin variar, nos esperan a la vuelta de las vacaciones de Navidad. Aún una vez terminada, sigue presente en mi cabeza.

 

Una brújula, eso es lo que necesito.

 

Algo que me diga en qué dirección llevar este blog o si no llevarlo en absoluto. Cada vez escribo menos en él, cada vez me da más pereza cualquier forma de red social, he pasado este último mes prácticamente desconectada del mundo y todavía no sé muy bien si me quiero reconectar. Pienso y tengo aún muchas cosas de las que me gustaría hablar aquí, a veces incluso me imagino escribiéndolas en mi cabeza pero nunca doy el paso a de verdad sentarme y ponerme a teclear, antes me invade la pereza.

Quizás lleve meses viviendo completamente hacia dentro, leyendo, pensando mucho, decidiendo, tomando fuerzas,… Es verdad que también hace mucho que tampoco leo otros blogs, que me he quedado con una lista muy corta de ellos, tampoco leo revistas de viajes si no es alguna específica con la que sé que puedo contar. No sé si me he saturado de viajes, si en lo que leo, en lo que yo misma escribo, no vea sólo más que una repetición de lo mismo, de un algo que se queda siempre en la superficie de los lugares, que los roza, que no llega nunca a hablar de ellos en profundidad.

 

En Brújula encontré una cita que hablaba justo de eso, de que como viajeros nos quedamos siempre fuera, en la frontera con el otro. Cada vez tengo más la sensación de que al hablar, al escribir sobre viajes, no hacemos más que repetir lo que alguien nos ha dicho o hemos leído antes.

Me he vuelto pesimista, siempre creí en la fuerza educativa de viajar pero, al mismo tiempo, en una época en la que posiblemente todos viajemos más que nunca, parece que ese movimiento constante no nos haya enseñado nada.

Una brújula me vendría bien también para saber qué hacer en el trabajo.

 

Esa parte de mi vida de la que poco hablo en el blog pero cuya incapacidad en llenarme, se encuentra en su mismo origen. Que un trozo de metal magnético me señalase qué proyectos seguir, cuales dejar, en qué poner mi esfuerzo, mi tiempo, porque al final mi tiempo no da para todos.



 

Brújula es un libro que busca trazar un puente, que grita que Oriente y Occidente son ahora lo que son por influencias mutuas, que ninguno sería lo que es sin el otro. Recuerda a las frases que aquí, en el Reino Unido, muchos lanzaban a las redes sociales tras los resultados del Brexit, sobre todo la de que “ningún hombre es una isla entera por sí mismo”.

Esa frase es un verso de un poema de John Donne, un poema con el que me encontré por primera vez hace muchos años, cuando leí a Hemingway y su libro sobre la guerra civil española.

A ese verso le siguen otros…

 


Ningún hombre es una isla entera por sí mismo
Cada hombre es una pieza del continente, una parte del todo.
Si el mar se lleva una porción de tierra, toda Europa queda disminuida, como si fuera un promontorio, o la casa de uno de tus amigos, o la tuya propia.
Ninguna persona es una isla; la muerte de cualquiera me afecta, porque me encuentro unido a toda la humanidad; por eso, nunca preguntes por quién doblan las campanas; doblan por ti.

 

Mi brújula, si fuera perfecta, me diría también hacia dónde vamos todos, como grupo, como país, como continente, como el mundo en el que vivimos en el que nadie, por mucho que se empeñe en insistir, puede ser una isla.

Si Mathias Enard defiende siglos y siglos de mutuo contacto como la prueba de que hoy no seríamos lo que somos sin el otro, en este mundo en el que vivimos en el que los contactos se hacen no ya en meses sino en segundos, lo que pueda suceder en la otra parte del mundo nos acaba afectando a todos.

 

 

¿Alguien me presta su brújula?

 

6 Discussions on
“Notas en busca de una brújula”
  • Te entiendo perfectamente. Antes del verano estaba igual con mi blog… No sabía si seguir, cerrarlo o dejarlo flotando en el ciberespacio.
    Tenía dudas sobre mi futuro personal y laboral hasta que un cáncer vino a llamar a mi puerta advirtiéndome de que dejara de pensar tanto y me pusiera a disfrutar de lo que soy, siento o tengo en cada momento.
    Con respecto a mi blog, siento que su tiempo ya ha pasado pero lo dejaré ahí; publicaré cuando me apetezca realmente, sin fijarme plazos ni tiempos. Ya veré qué decides hacer con el tuyo.
    Un abrazo,

    • Madre mía, María! Espero que estés bien, la verdad es que la lección es que no pensemos tanto las cosas y que hagamos lo que de verdad nos apetezca. Yo creo que voy hacer lo mismo, escribir cuando tenga ganas y si no tampoco sentirme culpable por ello.
      Un abrazo muy fuerte y espero que todo mejore.

  • Elena, qué bonito todo lo que dices. A mí me ha pasado un poco lo mismo, he hecho pausa, me he desconectado y hartado un poco de las redes. Sé que quiero escribir, sé que quiero viajar, pero de repente todos parecen competir por algún premio. Entonces, me aburro. No quiero formar parte. Quiero seguir entendiendo los viajes y contando lo que siento. Ojalá no nos perdamos. Te mando un abrazo.

    • No sabes lo que me gusta saber que no soy la única en sentirse así, Adriana. Gracias por el comentario. El problema con las redes sociales y con todo este mundo es que, al final, estás más pendiente de lo que hacen los demás que de lo que estás haciendo tú, y te olvidas incluso de tus razones para viajar o escribir… o eso es lo que me ha ocurrido a mí.
      Un abrazo muy fuerte

  • Elena, me encanta tu blog. Siempre me ha gustado. Me gusta Londres, la literatura, los viajes, la historia y las vidas que se entrecruzan mientras tanto. Entiendo tu cansancio y que, a veces, te sientas perdida. Nos pasa a todos. Si por mi fuera, desearía que siguieses pero….. mucho ánimo con todo y una vez más, gracias por tu maravilloso blog. Un abrazo, Ana

    • Muchas gracias por lo que me dices, Ana. Supongo que tengo que volver a disfrutar del blog, y de escribir, últimamente casi parece más una obligación y además las cosas del día a día me dejan también cada vez menos tiempo libro. Muchas gracias, de verdad, por darme ánimos.

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